No entré por voluntad propia ni buscando salvación. Entré sin darme cuenta, ebrio, con la conciencia apagada y el cuerpo a cuestas. Cuando reaccioné, ya estaba adentro. No hubo despedidas ni decisiones firmes, solo el silencio incómodo de entender que alguien más había decidido por mí. No sabía qué iba a encontrar ni cuánto tiempo estaría ahí. Tampoco sabía si iba a salir pronto. Entre esas paredes conocí historias que no pedían ser escuchadas, conocí adictos, dementes y delincuentes.
EL Umbral. La rehabilitación como frontera by Desafiando la carretera
No hay comentarios:
Publicar un comentario